La gente salió toreando. En la segunda corrida del serial de Carnaval Autlán 2008 se registró un lleno hasta el reloj y el festejo igual estuvo lleno, de emociones, de hombría y de torería. Quien dijo que el Carnaval Autlán 2008 había perdido lucimiento no tenía ni si quiera idea que la segunda tarde de toros sería histórica, sería un cúmulo de emociones, de sentimientos y de torerías.
Alfredo Ríos “El Conde” y Antonio Barrera armaron la grande, no sólo por el enfrentamiento a empujones y cachetadas que protagonizaron en el sexto de la tarde, lo armaron también con torería, con gallardía y con profesionalismo, también con porte de caballeros.
El encierro de Cerro Viejo caminó y permitió lucimiento tanto de los toreros a pie, como el de a caballo que fue Jorge Hernánez Gárate. Él comenzó a armar el escenario del futuro manicomio. A Cuervo el primero de la tarde lo toreó montado arriba de sus cuatro caballos, lo toreó templado y armó la escandalera al poner un par de banderillas al violín. Mató certero al primero de la tarde y cortó las primeras dos orejas.
Alfredo Rios El Conde comenzó a escribir la historia de la tarde grande con su primero, un toro difícil al que lo metió suave en su capote, luego colocó tres pares de banderillas de buena factura. Un sector de la plaza protestó su actuación, también la oreja que cortó luego de que mató del primer golpe de descabello. Con el segundo de su lote de nombre Pájaro Bandera volvió a torear a su estilo, que puede gustar o no, pero tiene conexión con el público de la Alberto Balderas. Le cortó dos orejas que volvieron a protestar aunque la mayoría tuvo vítores explosivas.
Antonio Barrera lució como torero grande, con mucho temple metió en su muleta a Palomo, el primero de su lote, el toro metió la cara en la muleta del español cuando este le corrió la mano con la mano izquierda, el público le coreó cada pase que se repitió y que se ligó, cayó la espada y el toro murió. Le cortó dos orejas.
La historia del desencuentro comenzó en el sexto de la tarde, Pavito de nombre y de vista que comenzó a embestir sabroso. Luego de ir a la vara Pavito fue la manzana de la discordia. Alfredo Ríos El Conde trató de hacerle un quite lo que molestó al español, ahí solos en el ruedo se prensaron en aventones y se liaron luego en cachetadas. Intervino luego personal de cuadrillas, el matador Juan José Padilla se llevó a Antonio Barrera quien reflejaba en el rostro molestía y enojo.
Así continuó con la lidia del de Cerro Viejo, se lo pasó ceñido por la espalda en escalofriantes péndulos, se lo ciñó en naturales y le corrió la mano, logró revertir los gritos de la concurrencia que coreaban a El Conde, a esas alturas el de Guadalajara ya había solicitado dar un toro de regalo.
La gente comenzó a corear en los tendidas el grito de ¡México! ¡México! Que fueron luego opacados por la actuación de Barrera. Metió el estoque profundo y el toro tardó en doblar, pero el juez otorgó los premios: dos orejas. Ese toro y luego del desencuentro con El Conde le fue brindado precisamente al matador tapatío.
Con el de regalo Alfredo Ríos lo recibió a porta gayola y comenzó a prender a la multitud al florear el capote, luego al colocar banderillas y posteriormente al torear al primer reserva que le respondió en la embestida aunque no tan bien como su primero. Prolongó la faena y el público comenzó a pedir el indulto, así lo llevó y en el camino le cuajó varios pases en redondo. En ese momento la Alberto Balderas era un manicomio.
Antes se había registrado momentos de torería y caballerosidad. En un momento de la lidia Conde fue prendido por su astado y luego hizo por él, y fue Barrera el primero en salir a hacer el quite a cuerpo limpio. Luego El Conde sacó al tercio a Barrera para brindar el toro y también fundirse en un abrazo. Entonces el público aplaudió a los dos.
La tarde fue redonda, todos salieron en hombros. En su mayoría los toros caminaron. Se vivieron emociones que trascienden gustos y que sobrepasan maneras. Hay quien no estuvo de acuerdo con el indulto, hay quien cree que fue un regalo, que estuvo de más, pero de que los tres alternantes ofrecieron una gama de emociones en su máxima expresión, de eso no cabe duda.
Por si poco fuera los Forcados de Mazatlán tuvieron momentos de emoción y gloria. Les tocaron toros fuertes que dificultaron la pega. Lograron caer con el pie derecho y lograron también que al final del festejo el público les pidiera dar vuelta al ruedo.
Que revivió el carnaval luego de la tarde gris de un día antes, también. El toreo es bravo, como brava y llena de emociones fue esta segunda corrida del serial de Carnaval.
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