El corazón se salió de su sitio cuando Eduardo Ortega Orteguita, en el quinto novillo de esta tarde, fue prendido por la hombrera del traje de luces cuando en un alarde de valor recibió a Bienvenido – su novillo – de hinojos y un afarolado de rodillas.
En nada ayudó que el corazón volviera a latir con calma cuando el de Atlanga luego de su encuentro con los caballos, aprovechó que la puerta del patio de cuadrillas estaba abierta para salir, con gran riesgo de lesionar a quien estaba en cuadrillas y corrales.
De regreso en la arena Lalo se hizo pasar al astado dos veces por la espalda con el péndulo y la escandalera era grande. Pero nada volvió a su sitio. El ritmo vertiginoso no disimuló la mala hechura. La disposición del novillero fue notable. Su entrega también. La falta de camino es un hecho que Eduardo tendrá que hacer para consolidarse.
Metió un estoconazo. En buen sitio y profundo. Los pañuelos blancos aparecieron en los tendidos. La entrega fue total en todos los sentidos. De eso no cabe duda. Ninguna.
El Juez de plaza otorgó una oreja.
Rescatable así de la novillada de carnaval fueron las dos primeras actuaciones.
José Ignacio Corral se encontró con un novillo, de nombre Pípila, que tuvo harta codicia por la cabalgadura del rejoneador. No aminoró con los tres rejones de castigo y lo apretó en varias ocasiones. Sobresaliente fue el momento en que Corral se metió con su caballo en un reducido espacio entre tablas y astas del que salió presumiendo buena doma.
Corral se fajó con su toro y su caballo. Fue valiente y tuvo momentos brillantes. Una estocada trasera y contraria desanimó al juez a otorgar orejas. En cambio al toro le dieron arrastre lento.
Los Forcados de Mazatlán tuvieron una extraordinaria ocasión. El novillo era fuerte y duro. Lograron la pega al primer intento.
Alfonso Mateos demostró su categoría de novillero veterano, un novillo que desarrolló un peligro sordo por embestidas muy lentas sin perder de vista la integridad del torero, fue aprovechado en lo posible por el poblano que voluntarioso y decidido hizo cosas sobresalientes. Sobre todo una tanda de naturales hacia el final de la faena. A pesar de la petición no hubo oreja.
Hay una forma de abstenerse del debate moral sobre Michel Lagravere, es tratarlo como cualquier novillero. Así que como tal, su novillo le pasó por encima, a pesar de que el astado tenía cincuenta kilos menos que el resto y que correspondía a otra ganadería. El de Mérida nunca se sintió cómodo con un novillo con casta que lo puso en peligro. Salió de sus apremiantes por piernas y abrevió con la muleta.
Pedro Núñez Chavalillo se fue sin pena, ni gloria y José Antonio Guerra con más penas, a secas.
























































en ora buena ortega llego a triunfar a su tierra de autlan de la grana
EN HORA BUENA ORTEGA