Tarde variada de triunfos y cornada

Tarde variada de triunfos y cornada

La tarde inaugural del serial taurino del carnaval fue rico en matices. Euforia y miedo, disfrute estético y reconocimiento de la entrega taurina. Una tarde marcada por los golpes de timón en el perfil de las emociones.
Partieron plaza cinco matadores de toros y los Recortadores Goyescos Españoles, en una tarde que al principio estuvo fría y luego el sol calentó un tendido que tuvo claros de cemento y también, lleno hasta la bandera. Lo dicho: golpes de timón.

La fiesta de los toros se justifica también en la verdad de los golpes y las cornadas. Esa fue la cara de un motivado Oscar Rodríguez El Sevillano, quien vestido de verde botella y oro, volvía a esta plaza con ilusión. Le correspondió el toro Pollero de San Marcos, un negro meano muy justo de cornamenta a quien saludó de capote con una larga de rodillas, de los capotes de las cuadrillas salía un poco suelto, para luego centrarse más cuando solos en el ruedo, Sevillano y Pollero fueron los protagonistas de la acción.

Oscar quitó por zapopinas, ahí vino el primer aviso de peligrosidad, el de San Marcos tendía a buscar la espalda del matador, lo metió el problemas. El brindis fue emotivo. La faena iba para arriba y el público lo arropó como torero de la tierra. Comenzó con toreo por bajo, para someter y logró un par de tandas por derecha en los que la mano derecha del matador alargaba las embestidas del astado.

Luego quiso citar por derecha, el toro le fue y no tomó el engaño, lo levantó. Sus compañeros notaron que el pitón encontró carne al rasgar la taleguilla y una corbata convertida en torniquete sobre el muslo, aspiraba a evitar una hemorragia. La cosa se puso imposible, a pesar del empeño y la vergüenza torera. Escuchó el primer aviso luego de tres pinchazos. El público reconoció la labor y premió con palmas el regreso del Sevillano a su tierra adoptiva.

La otra cara de la moneda, la del triunfo y dolor fue de Gerardo Adame –azul marino y oro- en el quinto toro de la tarde, cuarto de la lidia ordinaria. Algo tiene el agua de Aguascalientes que produce buenos toreros. Comenzó con una lidia accidentado, al toro que le tocó en el sorteo, se lesionó y perdió la movilidad, la primera reserva se fracturó el pitón al rematar en un burladero. Gerardo lidió a “Cocinero”, de San Marcos, un cárdeno claro, que sin mucha lámina le permitió gracias a su nobleza y la entrega y técnica del matador, vivir algunos momentos de gozo taurino.

El saludo capotero fue con los pies muy juntos, para luego de un breve encuentro con la puya quitar por gaoneras. Gerardo logró templar las embestidas, con un sella propio Gerardo dobla un poco el codo embarca y estando ya cerca del astas estira la mano para mandar lejos. Así le dio suavidad a una tarde que hasta ese momento había sido solo vertiginosa, lidiadora y acrobática.

Templar y quedarse quieto van de la mano. Gerardo aguantó hasta el exceso cuando las fuerzas del toro terminaron y las embestidas se convirtieron en pasos de toro. Las astas acariciaban la taleguilla y Adame se quedó en el sitio. Por muy noble que sea el de San Marcos no deja de ser toro, y protestó el atrevimiento. Se lo echó a los lomos. No se reportó ninguna herida seria. Se tiró a matar y el toro dobló. Gerardo cortó la primera oreja de la tarde.

Aunque si nos ponemos muy estrictos, los triunfadores fueron los Recortadores Goyescos Españoles. Enrique Pérez, Diego Navarrete, Jorge Glison y Juan José Martínez vivieron momentos de inspiración taurina. Todo lo que intentaron les salió bien. Solo Enrique Pérez en su primer salto cayó de mala manera y fue diagnosticado con esguince de rodilla. Pero fue emotiva su cara llena de raza de torero valenciano que vino a Autlán a mostrar su gallardía. Saltos de ángel, también con la garrocha, ante un público que a estas alturas había llenado la plaza hasta la bandera para ver a los valencianos volar entre las astas del toro.

El momento más emotivo fue cuando Enrique Pérez volvió al ruedo a interpretar un salto de ángel, porque fue mucho más que una ejecución, transmitió igual que si interpretara una canción. Con dolor en el rostro se desprendió de tablas para cruzar el ruedo y al momento en que el toro humilló, levantarse abriendo los brazos, dar una maroma y caer de buena manera. Para luego refugiarse en tablas a que en el pecho se agolparan los sentimientos y dejarlos salir en forma de dignas lágrimas.

El toro volvió al chiquero con un nuevo salto del Glison y la estruendosa ovación de la afición.

Lupita López –azul marino y oro- tuvo un regreso triunfal a los ruedos. Su actuar puede definirse como la estética de la fragilidad. Hace todo lo que debe hacer, y lo hace con valor. Saludó con el capote con dos largas cambiadas de rodillas mientras el negro de San Marcos rodaba en estado avanto. Quitó por gaoneras que se fueron ceñiendo de a poco y salió bien librada.

Con la muleta fue variada, toreó por los dos pitones, con afarolados, manoletinas y abrochó lo mismo con desplantes que con un abanico en la cara. Mató al segundo viaje y fue premiada por una oreja. Así fue el regreso a los ruedos de la yucateca.

Alfonso Hernández El Pali –Vino y azabache- se las vio con un toro andarín con tendencia a barbear las tablas, desentendiéndose de los capotes. Ya en la muleta el coleta tapatío, trató de ligar pases dejando que el toro se estrellara en la muleta para evitar se fuera. La faena fue de menos a más en el ánimo del público, tan alegre estuvo que recurrió a las notas de Clemente Amaya amalgamados con algunos molinetes. Mató en un segundo viaje. El juez negó la oreja y el público premió con una vuelta al ruedo.

Nazaré –blanco y oro- se las vio con “Rociero”, al que recibió de capote con los pies juntos. El espigado torero ibérico pudo acompañar con la tela roja algunos pases por derecha, alargarlos. Cuando el toro vino a menos, se metió en sus terrenos con el riesgo que desprendía un toro que no embestía franco, y a cada oportunidad tiraba hachazos violentos. Metió toda la espada que cayó contraria y tendida. Mató al primer golpe de descabello.

Variada, entretenida y llena de matices. Con Adame y Lupita como triunfadores y con los Recortadores con el público en el corazón.

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